Cómo trabajo un recuerdo para convertirlo en una pieza fina y personal

 

Muchas de las personas que llegan hasta mí no empiezan diciéndome:

“Quiero este tatuaje.”

Empiezan enseñándome algo.

Una fotografía.

Una nota escrita a mano.

La imagen de una casa.

Una flor.

Un objeto que pertenecía a alguien.

Una foto con sus hijos.

La letra de una persona.

Un lugar.

Y después me cuentan por qué es importante.

Para mí, ahí empieza una de las partes más bonitas de mi trabajo: convertir un recuerdo en un tatuaje sin hacer que pierda aquello que lo hace personal.

Porque no siempre quiero tatuar literalmente lo que aparece en una fotografía.

Muchas veces quiero descubrir qué hay dentro de ella.

Primero intento entender qué quieres conservar

Cuando trabajamos con recuerdos hay una pregunta que para mí es fundamental:

¿Qué es exactamente lo que no quieres olvidar?

Puede parecer evidente, pero no siempre lo es.

Imagina una fotografía de tu infancia en la que apareces caminando de la mano de tu madre.

Quizá para ti lo importante no sea reproducir vuestros rostros, la ropa que llevabais o el lugar donde se hizo la foto.

Quizá sea simplemente la forma en la que os cogéis de la mano.

Ese pequeño gesto puede contener todo lo que necesitamos.

Por eso, antes de pensar en el diseño, intento entender dónde está realmente la emoción del recuerdo.

Una fotografía no tiene por qué convertirse en un retrato

Esta es una de las posibilidades que más me gusta explorar.

Cuando alguien me envía una fotografía personal, puedo utilizarla de muchas maneras.

Puedo extraer una silueta.

Una postura.

Un gesto.

Un perfil.

Unas manos.

La forma de un objeto.

Un pequeño elemento que aparece al fondo.

O puedo utilizar simplemente la fotografía para comprender una historia y después desarrollar una composición completamente diferente.

No siempre necesitamos reproducir una imagen para conservar lo que significa.

A veces simplificarla consigue que el recuerdo sea incluso más reconocible para quien lo lleva.

Busco el detalle que hace que esa historia sea vuestra

Hay símbolos que tienen significados compartidos.

Una flor puede asociarse a una persona. Un corazón puede representar amor. Una fecha puede marcar un momento.

Pero cuando diseño una pieza personal intento ir un poco más allá.

Me interesa encontrar esos detalles que probablemente no significarían nada para otra persona.

La taza en la que siempre bebía café tu abuela.

La planta que había en la entrada de casa.

Una palabra que alguien escribía de una manera muy concreta.

La silueta de una montaña que veías desde tu habitación.

Un juguete.

Una receta manuscrita.

Un pequeño objeto que estaba siempre presente.

Esos elementos pueden hacer que un tatuaje aparentemente sencillo tenga una carga personal enorme.

La escritura real tiene algo imposible de imitar

Las notas, cartas y dedicatorias son una fuente preciosa para trabajar.

Hay algo en la escritura real de una persona que ninguna tipografía puede reproducir exactamente.

Las letras imperfectas.

La inclinación.

Una forma peculiar de escribir una determinada letra.

La presión del bolígrafo.

Incluso pequeños errores.

Todo eso forma parte de la identidad de esa escritura.

Cuando el material lo permite, puedo trabajar a partir de una palabra o una frase manuscrita y limpiarla lo justo para poder trasladarla al tatuaje sin hacer que pierda su personalidad.

No intento convertirla en una caligrafía perfecta.

Precisamente lo interesante es que siga siendo su letra.

No todo tiene que aparecer de manera literal

Supongamos que quieres representar a tres personas.

No significa que necesariamente tengamos que hacer tres retratos, tres siluetas o tres nombres.

Podemos encontrar otras formas.

Tres elementos de una misma composición.

Tres pequeñas variaciones de una forma.

Tres flores diferentes.

Una línea que conecta determinados puntos.

Un elemento central acompañado por otros dos.

La forma de representarlo dependerá de vuestra historia y del tipo de tatuaje que quieras llevar.

Esta manera de trabajar me permite crear piezas que tienen una lectura privada.

Alguien puede ver simplemente una composición fina y bonita.

Tú sabes perfectamente quién está ahí.

Después empiezo a quitar cosas

Esto puede sonar extraño, pero una parte importante de mi proceso creativo consiste en eliminar.

Cuando alguien me cuenta una historia aparecen muchísimas posibilidades.

Fechas.

Nombres.

Símbolos.

Fotografías.

Lugares.

Frases.

Objetos.

Y podría intentar incluirlo absolutamente todo.

Pero normalmente no quiero hacerlo.

Prefiero preguntarme qué elementos son capaces de sostener la historia por sí mismos.

Porque una pieza personal no necesita convertirse en un inventario de recuerdos.

A veces dos elementos bien elegidos cuentan muchísimo más que siete colocados juntos.

Fine Line me permite trabajar desde la delicadeza

Mi forma de trabajar este tipo de proyectos está muy vinculada al Fine Line.

Me gusta utilizar líneas finas, composiciones limpias y espacio negativo para que el tatuaje tenga ligereza.

Pero delicado no significa vacío.

Una pieza puede ser visualmente muy sencilla y contener una historia enorme.

De hecho, esa contradicción me interesa especialmente.

Que alguien mire el tatuaje y vea una pequeña línea, una palabra o una composición muy limpia.

Y que para quien lo lleva exista todo un universo detrás.

El tamaño tiene que respetar el recuerdo, pero también el tatuaje

Cuando trabajamos con algo emocional es fácil querer conservar cada pequeño detalle.

Pero hay que recordar que estamos trasladándolo a la piel.

Si partimos de una fotografía con mucha información y queremos un tatuaje pequeño, tendré que interpretar.

No puedo reproducir indefinidamente detalles cada vez más diminutos.

Por eso, en lugar de preguntarme:

“¿Cómo consigo meter toda esta fotografía aquí?”

Prefiero preguntarme:

“¿Qué necesito conservar para que esta fotografía siga siendo vuestra?”

Ese cambio de enfoque abre muchísimas posibilidades.

La zona donde lo llevas también puede formar parte del significado

A veces la ubicación es simplemente una elección estética.

Pero otras veces tiene una razón emocional.

Hay personas que quieren poder ver el tatuaje fácilmente.

Otras prefieren una zona más íntima.

Algunas quieren colocarlo cerca de otro tatuaje relacionado.

Y hay quien elige una parte concreta del cuerpo porque también forma parte de la historia.

Todo eso me interesa saberlo.

Después trabajo la orientación y la composición para que la pieza acompañe la anatomía y funcione en el lugar donde vas a llevarla.

No necesito una fotografía perfecta

Cuando alguien quiere trabajar a partir de un recuerdo antiguo, muchas veces me dice:

“Es que la foto es malísima.”

Puede estar desenfocada.

Puede ser una fotografía antigua.

Puede haber poca luz.

Puede que solo exista una imagen.

No significa automáticamente que no podamos hacer nada con ella.

Dependerá de qué queramos extraer.

Si necesitamos realizar un retrato con muchísimo detalle, la calidad de la referencia será mucho más importante.

Pero si lo que queremos es trabajar una postura, una silueta o un pequeño gesto, quizá esa fotografía contenga información suficiente.

Por eso prefiero verla antes de descartarla.

Tampoco necesitas tener todos los elementos decididos

Puedes venir con una caja llena de recuerdos metafóricamente hablando y decirme:

“No sé qué hacer con todo esto.”

No pasa nada.

Puedes enseñarme varias fotografías, escritos o elementos y explicarme por qué son importantes.

Después podemos decidir cuáles tienen realmente sentido dentro del tatuaje.

Parte de mi trabajo consiste precisamente en ordenar toda esa información y convertirla en una composición.

Cuando el recuerdo deja de ser una referencia y se convierte en tu tatuaje

Hay un momento del proceso que me gusta especialmente.

Es cuando dejamos de mirar la fotografía original.

Ya hemos extraído lo importante.

Hemos elegido los elementos.

Los hemos simplificado.

Hemos decidido la composición.

Y la pieza empieza a existir por sí misma.

El recuerdo sigue estando ahí, pero ya no necesitamos reproducirlo literalmente para reconocerlo.

Se ha convertido en otra cosa.

En una línea.

En una forma.

En una palabra.

En una composición.

En algo que pertenece a la historia original pero que también pertenece ahora al cuerpo de la persona que va a llevarlo.

Y para mí, cuando trabajo tatuajes personales, ese es exactamente el punto al que quiero llegar.

 

Preguntas frecuentes

¿Puedo hacerme un tatuaje a partir de una fotografía familiar?

Sí. Dependiendo de la imagen y del resultado que busques, puedo trabajar una silueta, una postura, unas manos, un objeto u otros elementos de la fotografía sin necesidad de convertirla necesariamente en un retrato.

¿Qué pasa si la fotografía es antigua o tiene poca calidad?

Envíamela igualmente. La calidad necesaria dependerá de qué queramos extraer de ella. Para determinados trabajos necesitamos mucho detalle, mientras que una silueta o un gesto pueden obtenerse de referencias más sencillas.

¿Puedes tatuar la letra real de una persona?

Sí, siempre que tengamos una muestra suficientemente clara. Puedo trabajar a partir de una palabra, una frase o diferentes muestras de escritura para conservar su carácter original.

¿Tengo que elegir yo qué elementos incluir?

No. Puedes enseñarme el material que tienes y contarme la historia. Una parte del proceso consiste precisamente en decidir qué elementos merece la pena conservar y cuáles podemos eliminar.

¿Un tatuaje con mucho significado tiene que ser grande?

No. Una pieza pequeña puede contener muchísimo significado. Lo que determinará el tamaño necesario será principalmente la cantidad de información visual y el nivel de detalle que queramos mantener.

¿Puedo combinar una fotografía, una palabra y otros elementos?

Sí. Puedo trabajar con diferentes tipos de referencias siempre que podamos construir con ellas una composición coherente y adaptada al tamaño y a la zona elegida.

 

Si tienes un recuerdo que quieres llevar contigo pero no sabes cómo convertirlo en tatuaje, no necesitas tener el diseño resuelto.

Envíame la fotografía, la escritura, el objeto, el lugar o aquello que conserva esa historia y cuéntame por qué es importante para ti.

A partir de ahí puedo buscar la forma de transformarlo en una pieza fina, personal y diseñada específicamente para ti.

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